domingo, 26 de octubre de 2008

Pedro


Érase una vez un niño muy mal comedor. Siempre protestaba por las comidas que le hacía su mamá en especial odiaba las verduras y el pescado. El siempre decía que estaría todo el día comiendo dulces, tartas de manzana y pasteles de chocolate, también disfrutaría devorando pastelitos de cabello de ángel, cañas de crema, bollitos, buñuelos de viento y tortas de anís que lo volvían loco y croissant de chocolate y... Basta!!! dijo la madre un día que el niño se negaba rotundamente a cenar su plato de verduras y pescado, si no te acabas el plato te irás a la cama sin postre. Y como el niño no probó bocado se fue a su habitación sin más. Y allí estaba maldiciendo su plato de verduras con pescado. ¡¡¡Ojalá no tuviera que comer verduras y pescado nunca más!!! Me pasaría la vida comiendo dulces... De repente ante sus ojos apareció una hermosa señora que no era otra que su hada madrina y le dijo: "he venido a concederte este deseo que acabas de formular, a partir de ahora no tendrás que comer nada más que dulces y pasteles como a ti te gustan". "¿De verdad, hadita, no tendré que comer nunca más pescado ni verduras ni garbanzos?" "Nunca más pequeño, a partir de ahora todos los alimentos que toques se convertirán en deliciosos productos de pastelería" y, después de despedirse, desapareció con la misma facilidad con que había aparecido. Al día siguiente el niño comprobó que su deseo se había hecho realidad. El desayuno consistió en un tazón de chocolate con nata acompañado por unos churros calientes. Al mediodía no tuvo menos suerte, un surtido de tartas y pastelitos lo esperaban encima de la mesa mientras el resto de la familia se comía su plato de patatas con carne estofada. Al niño le supo mal no poder probar aquel plato que era uno de sus favoritos pero no se quejó puesto que prefería seguir con lo suyo. Y a la hora de la cena un pastel de moras y una natilla se comió. Y así fue al día siguiente y al otro hasta que un día se quedó desganado. "¿Que hay para comer mamá?"" Hoy tienes tarta de nueces con chocolate" "No me apetece mamita, ¿no hay nada más?" "Tienes pastel de moras o tarta de chocolate o natillas de vainilla o... "No sigas mamá, no tengo más hambre". En aquel momento la familia estaba comiéndose un plato de verduras y el niño observó como humeaban aquellas patatas, las verdes acelgas que se adivinaban tiernas, aquellas zanahorias de color intenso y los brillantes guisantes todo regado con aceite de oliva virgen y también miraba la cola de merluza adornada con rodajitas de limón y las rebanadas de pan crujiente. Pero en cuanto intentaba tocar algo, inmediatamente se convertía en un delicioso pastel. El niño se levantó disgustado y corrió hacia su habitación llorando. "Hadita, hadita buena, donde estás quiero comer un plato de verduras y pescado como los demás". La hada madrina que era muy comprensiva acudió a su llamada. "Estas seguro de que ya no quieres comer dulces todos los días". "Estoy seguro, quiero comer como todos y de vez en cuando... un dulce". Y así fue. Cuentan que a partir de entonces fue un fantástico gourmet

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